REVIEW: Mount Eeriee – Sauna

By: Sergio González

 

There’s a moment when, fearing to fall into a cliché, we listen to a record with certain predisposition and we can’t know for sure if we get the message or if the message even exists. Maybe in the case of Phil Elvrum’s new album (under his moniker Mount Eerie) it does, but that’s not really what we should pay attention to. What concerns us about this record is not meaning itself, but the path its narrator takes to find it, that searching that gives sustenance to itself with every step forward towards the last days of our loom. We believe that this story called Sauna works in the same way: it walks, searches, finds, fades away.

We are thus faced with a melancholic narrator, admired and tormented by the mystery of existence and its most direct and tangible manifestation: nature. Mount Eerie tells us about that fear, exorcised by the gift of the honest word, without luxuries, spontaneous. Here, existence is portrayed as the sky we see out of a window. Clear days, gray days, red days, black days; we plunge into inevitable introversion, another closed up world where our experiences roar like thunders in our heads, even those which already seem distant.

 

 

We recognize ourselves as lonely beings, the prelude to an inner journey which leaves little room to doubt if we can fit any more voids inside.

The void it takes to express itself, whether with rudimentary metaphors, or unusual images to find mysterious revelations, is a desolate sight and also a universe, a moment before going back to the darkest disillusion. The narration begins almost in a euphemism, the celebration of the fury is similar; never before had we obsessed over the look of falsities, over the perception that this life is just a veil and could very well dissolve into nothingness.

It is all this, so pale and evanescent towards the end: a feeling of suspense, dissatisfaction even, for a form of expression that cannot change and nevertheless needs to find a way out that hints, even remotely, to an answer for this labyrinth of questions that we are.

The waking time and the dreams, all burn like thunder. A bell’s twang, the matter of existence and non-existence shall pass. They will talk or they will be silent.

Beautiful album.

 

 

Hay un momento en que, pensando siempre en el temor de caer en el cliché, la escucha de un disco se condiciona y no sabemos con exactitud si captamos el mensaje o si por lo menos éste existe. Tal vez en este caso exista; hablando del último disco que sacó Phil Elverum bajo su manto Mount Eeerie, pero eso precisamente no es lo que nos interesa. Nuestra incumbencia, no radica en el significado del disco en sí, sino en el camino que su narrador emprende para hallar el tan anhelado sentido, esa búsqueda que se sustenta paso a paso mientras se avanza, mientras se camina hacia los últimos días de nuestro telar. Creemos que este relato titulado “Sauna” funciona de esa misma manera; camina, busca, halla, se esfuma.

Nos encontramos, entonces, con un narrador melancólico, admirado y atormentado por el misterio de la existencia y su manifestación más directa y tangible: la naturaleza. Mount Eerie cuenta de este temor, exorcizado por el don de la palabra franca, sin lujos, y por lo tanto, espontánea. Aquí la existencia se narra como si se tratase del cielo que vemos por las ventanas, días claros, días grises, días rojos, días negros; nos adentramos en la introversión inevitable, un mundo más y más cerrado en sí mismo; uno donde resuenan nuestras experiencias como truenos en la cabeza, incluso aquellas que ya aparecen distantes.

Nos sabemos solitarios y éste es el preludio de un viaje interior que deja poco espacio para preguntarse si para nuestros adentros caben más vacíos.

El vacío que necesita para expresarse, tanto de metáforas elementales como de imágenes inusuales para encontrar revelaciones misteriosas es un paisaje desolado y también un universo, un momento antes de volver a la desilusión más oscura. La narración avanza casi en eufemismo, la celebración de la furia es similar, nunca antes nos habíamos sentido obsesionados por la apariencia de las cosas falsas, por la percepción de que esta vida es sólo un velo y podría disolverse en la nada.

Es todo esto, al final, tan pálido y evanescente: una sensación de suspensión, incluso de insatisfacción hacia una forma de expresión que no puede cambiar y que, sin embargo, necesita encontrar siempre una salida que vislumbre, así sea de manera indirecta, una respuesta para este laberinto de preguntas que somos.

Los momentos de vigilia y todos los sueños queman como el rayo. El tañido de una campana, la cuestión de la existencia y la no-existencia pasarán en algún momento, dirán algo o callarán.

Disco bellísimo.

Something to Say?

Your email address will not be published.